No hay prisa, te duele el corazón al recordar su sonrisa. Te duele con razón, pero no, no hay prisa y vuelves a tu casa con la misma camisa, pero con manchas de ron, y el sol, que no avisa, que sale a traición, te da el sermón de una misa. Te pega el palizón y aun así no hay prisa y vuelves para casa disfrutando la brisa, sin aire en el pulmón.
No hay comentarios:
Publicar un comentario