Hasta dejarme la garganta que me encantas.

miércoles, 22 de febrero de 2012

No hay prisa cuando sale el Sol.

No hay prisa, te duele el corazón al recordar su sonrisa. Te duele con razón, pero no, no hay prisa y vuelves a tu casa con la misma camisa, pero con manchas de ron, y el sol, que no avisa, que sale a traición, te da el sermón de una misa. Te pega el palizón y aun así no hay prisa y vuelves para casa disfrutando la brisa, sin aire en el pulmón.

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